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lunes, 22 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (última parte)

Hola. Para facilitarle la navegación por el blog a los que quieran leer este cuento, aquí está la primer parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-1.html 


Escapamos del horror de la escuela pero ahora estábamos en un lugar extraño. Nos rodeaban unos edificios altos y grises con muchas ventanas. El cielo color de plomo estaba anormalmente bajo, tanto que daba la impresión de que se lo podía tocar desde las terrazas de aquellos tétricos edificios. Por la calle flotaba una niebla que se hacía mas densa por instantes para después disiparse casi completamente, y así seguir un ciclo. Cuando la niebla estaba mas densa se acercaban con ella unas siluetas, y se alejaban enseguida al disiparse. 
Mis compañeros lucían desconcertados al mirarse entre ellos, y finalmente todas las miradas se posaron sobre mí. Su líder me preguntó: 

- ¿En qué lugar estamos? ¿Conoces una ciudad así? 
- No, ni nada parecido. 
- ¿Cómo que no? Recuerda, haz un esfuerzo. Obviamente este lugar no es bueno. 
- Le digo que nunca estuve en un lugar así. Pero, ahora que lo pienso, nunca he visto, pero sí leí sobre un lugar así, y, sí, mientras leía me imaginé algo como esto. 
- ¿En dónde leíste la descripción de esta ciudad?
- En, en un cuento de terror -le contesté. 
- ¡Lo que nos faltaba! -exclamó el que me había criticado anteriormente-. Es lo único que faltaba. Ahora estamos en un escenario de puro terror gracias a él. Esto es genial. 
- Ya deja el sarcasmo -le ordenó el líder-, que de nada te va a servir acá. Recuerda que es nuestro deber ayudar a los que caen acá. Y esto es por demás interesante. Que poder el de su mente. Miren todo esto, es algo que solo leyó, pero igual pudo crearlo. Ni sabía que se podía hacer algo así. Es genial. Si tuviera mas concentración…

El desconforme hizo un gesto con el brazo demostrando que no le importaba lo que decía el otro, después nos dio la espalda y se cruzó de brazos, rezongando algo en voz baja. Los otros no se expresaron pero creo que pensaban como él. Si estaban allí era por mi culpa. 
En uno de los avances de la niebla las siluetas empezaron a murmurar algo que no se entendía, pero lo hacían de una forma que igual resultaba aterradora, pues tenían ecos apagados que se repetían en los edificios grises con muchas ventanas. Teníamos que salir de allí. El líder se puso frente a mí y me tomó de los hombros para decirme:

- Muchacho, tienes que sacarnos de aquí. Haz lo que hiciste hace un rato en la escuela. 
Los monstruos estos no son de los que van a ocupar tu cuerpo si te matan, solo son creaciones de tu mente que, podría decirse, casi toman vida propia en este plano; pero cuidado, también pueden matarte. La única diferencia es que no te vas a convertir en un zombie. Bueno, estos no necesariamente te van a matar si te atrapan, porque puede ser que en ese momento te despiertes, mas el riesgo es muy alto. Ahora, concéntrate, piensa en un lugar lindo, que esté de día, y que tenga un local donde poder entrar para seguir con tus ejercicios sin sobresaltos. Piensa bien, que sea un lugar que te de confianza. 

No era fácil pensar en un momento así, mas si lo había hecho en la escuela, podría hacerlo de nuevo.   Me acordé del conservatorio de música. En él había aprendido guitarra y había pasado buenos momentos. Conocía la calle de memoria. Tras un gran esfuerzo, de pronto estábamos en ella. Mis asociados en aquella aventura onírica me felicitaron. Caminamos un poco y llegamos al conservatorio. Atravesamos el enorme patio interior y los llevé al salón de guitarra.  
El veterano que los lideraba puso otra vela encendida frente a mí, y me dio las mismas instrucciones.  Me sentía cómodo en aquel lugar. Me concentré en la llama como si quisiera memorizarla para dibujarla con todos los detalles.  Los otros no se quisieron sentar, y miraban hacia afuera por el ventanal, echando algunas miradas desconfiadas al salón cada tanto. No querían vivir otra situación como la de la escuela. No los culpo. 
Cuando mi concentración fue aumentando sentí un cambio. El salón seguía exactamente igual a cómo es en la realidad, pero a cada instante lo notaba mas irreal. 
La llama de la vela temblaba, se achicaba, se alargaba y se movía como una real, pero no lo era. Puse un dedo en ella y no sentí nada. la ilusión de aquel mundo ya no me iba a afectar tanto. Mi instructor sonrió contento. 
Lamentablemente, esa sensación agradable de conseguir algo duró poco. Una de las mujeres gritó de repente: 

- ¡Es de noche! ¡Está oscuro! 
- ¡Diablos! ¡Otra vez! -protestó el bocón. 
- No puede ser él -dijo el líder-. Está muy concentrado, es algo mas. 

Hasta el salón se oscureció. Salimos al patio con las linternas encendidas. Empezamos a escuchar ruidos de puertas que se abrían. Al iluminar, montones de zombies salían de los salones. Estábamos rodeados, surgían también de la entrada, de todos lados. Fuimos hasta el centro del patio. Los zombies ya formaban un círculo que se iba cerrando hacia nosotros. Mis compañeros disparaban, y los ocupantes de cuerpos caían pero los de atrás tomaban su lugar. Y el círculo se iba cerrando. 

- ¡Este es el momento! -me gritó el líder-. ¡Intenta despertarte! ¡No te preocupes por nosotros! ¡Despiértate! ¡Sálvate! 
- Gracias por su ayuda -les agradecí a todos. Cerré los ojos, y haciendo un esfuerzo de voluntad tremendo, de golpe me desperté. 

Comencé a reírme en mi cama. Si aquello resultaba ser solo un sueño de todas formas no lo iba a olvidar por el resto de mi vida.  
Las sábanas se me pegaban al cuerpo, había sudado mucho. Ya estaba de día. 
Pensé en el sueño al bañarme, al desayunar, no podía dejar de pensar en él. ¿Sería todo una fantasía? ¿Pero y lo que había aprendido, y todo lo que me habían explicado? 
Encendí el televisor para ver las noticias. Ahora las noticias principales eran sobre los supuestos ataques de zombies. En todos los canales era lo mismo. Me inquietaron terriblemente. ¿Entonces todo lo que me dijeron en el sueño era real? Al recordar una cosa salí a caminar. Tomé una calle por donde no suelo andar mucho. Quedé petrificado al alcanzar una casa. Era la que había visto en el sueño, la que aún no conocía en la realidad. Era exactamente igual a la que vi en el sueño, hasta los mínimos detalles. ¡Los ocupantes de cuerpos existían! Volví a mi casa para seguir viendo noticias. Viendo la tele recibí otro impacto emocional. Un noticiario informaba sobre la muerte misteriosa de seis científicos, dos mujeres y cuatro hombres. Todos habían aparecido muertos en su laboratorio. Se encontraban dentro de tanques de aislamiento sensorial. El grupo experimentaba con sueños lúcidos. 
Desde ese día, las situaciones extrañas con gente que parece volver de la muerte como zombies cada vez son mas. Varios países ya están en alerta máxima. La situación empeora rápidamente. Todo el mundo anda aterrado. 
Con unos ahorros que tenía construí un muro alto y fuerte que rodea todo mi terreno. El portón es de acero, y creo que puede soportar hasta la envestida de un camión. 
Paso gran parte del día haciendo ejercicios de concentración, y voy al campo a practicar tiro; ahora tengo varias armas. 
Con la práctica adquirí gran control sobre mis sueños, y hasta descubrí de dónde vienen “los del otro lado”. Solo me asomé apenas, y fue horrible: es el infierno. 
Cada vez hay mas zombies sobre la Tierra. Ayer se produjo el primer caso en mi pequeña ciudad. Tuvimos suerte por muchas semanas; otras ya están casi devastadas, y hay mas zombies que vivos. 
Tal vez, cuando ya no me queden balas y los tenga arañando los muros de mi terreno, si he alcanzado el nivel de meditación que ya estoy atisbando, y con él el poder de dominar aún mas los sueños, me voy a hundir en un último descanso para corresponderles la visita. 

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (tercera parte)

Al doblar en una esquina vimos la escuela. La fachada estaba bien conservada pero se notaba que era muy vieja.  Frente a aquel enorme edificio me di cuenta de algo. Aquel mundo parecía muy real pero empecé a notar diferencias: tenía miedo de entrar a aquella escuela, sin embargo no experimentaba ninguno de las síntomas del miedo, no sentía un temblor en las piernas, ni algo raro en el estómago, y aunque con los zombies me había aterrado terriblemente, no había experimentado ni un escalofrío. Ese momento fue muy importante, hasta me sentí un poco diferente, aunque no sabía definir qué era. Mas al entrar a la escuela ese estado se disipó, y ahora solo estaba asustado. 
Pasamos a un salón grande. La que nos llevó hasta allí, Brenda, miraba todo con cara de asombro: 

- Hace muchos años que no entraba a este lugar. Mi escuela… -dijo ella. 
- No es momento para ponerse sentimental -le dijo el líder-. Tenemos que enseñarle a este muchacho algunas cosas. 
- Tengo una pregunte -intervine-. ¿Por qué no entramos a cualquiera de aquellas casas? ¿Tiene que ser un local que ella conoce? 
- Así es. Si nunca estuviste dentro del lugar no vas a poder entrar, en este plano no. Vamos a buscar un lugar con una mesa, un aula. 

Los siete avanzamos por un corredor. La idea me parecía pésima. En cualquier momento iba a pasar algo. Me invitaron a sentarme al lado del escritorio que sería de la maestra. El líder andaba con una mochila. Sacó una vela, la encendió y la colocó parada frente a mí, y me indicó:

- Esto es un ejercicio de concentración. Cuanto mayor sea tu poder de concentración, con mas facilidad vas a poder escapar de “los del otro lado”, porque además de poder cambiar de “escenario” podrás hacer otras cosas, eso va a depender de tu nivel de atención. También vas a poder despertarte a voluntad, aunque para un adulto eso es difícil. 
- ¿Y por qué me están ayudando? -lo interrogué. 
- Estamos intentando ayudar a todos los que caen en este plano. 
- Bien pero, ¿qué pasa si me atrapan los zombies? ¿Cómo es eso de que ocupan los cuerpos? 
- Es algo complicado. Primero, no son zombies realmente, aquí no, tú los creaste así. Para otras personas son otros monstruos. Pero lo curioso es que al “verlos” así acertaste en qué se van a convertir si ocupan tu cuerpo. Si matan a alguien aquí después una de esas cosas ocupa su cuerpo inerte, lo anima, pero sin volverlo a la vida, o sea, se convierten en zombies, y pueden infectar con su mordida y todo.  Es curioso, hasta ahora solo habíamos visto a gente que los ve como monstruos. 

Mientras lo escuchaba recordé que había visto a medias unas noticias sobre gente mordiendo a otras como lo hacen los zombies en las películas. Me pareció algo tan ridículo que lo tomé por una farsa, una noticia exagerada, distorsionada, y me dio gracia cuando supe que mucha gente ya se estaba alarmando.  
Ahora aquel tipo me decía algo que explicaba el origen de los supuestos zombies. No podía ser coincidencia, y había dos posibilidades: lo de los ocupantes de cuerpo era real, o mi mente había inventado aquello por culpa de las noticias. Lo único seguro era que cada vez me inquietaba mas aquel lugar. 
Me enseñó una técnica de concentración que consistía en ver cada detalle de la llama de la vela. Me dijeron que podía hacerlo también en la vida real, si salía de aquel plano. Evidentemente tenían dudas. Tuve la impresión de que hasta el momento no habían podido salvar a ninguno.  Por algo que dijo la mujer que me defendió y por otras pistas deduje que eran científicos, y que de alguna forma habían “soltado” a “los del otro lado” como le llamaban ellos. No valía la pena preguntarles para que lo confirmaran, además tal vez todo era un invento de mi mente, no podía descartar eso aún.
Mientras yo trataba de concentrarme los otros estaban sentados en los pupitres. El líder estaba a mi lado.  Yo tenía la vista fija en la llama, pero con la visión periférica noté algo; en los pupitres había alguien mas. Levanté la vista. Tenía cuerpo de mujer, vestía un guardapolvo blanco, su cabellera era abundante y rizada y, su cara se parecía a la de un perro. Su boca era como la de un buldog, pero sus ojos eran humanos y su nariz también, era una combinación espantosa. 
En la vida real me habían contado una leyenda sobre una escuela embrujada, y me habían descripto al ser que rondaba en esa escuela de noche. Ahora estaba frente a mí. 
Los otros deben haber notado el terror en mi cara, y al seguir mi mirada la vieron, y evidentemente se aterraron también.    
Fui el primero en salir del aula, pero me detuve en el corredor porque este ahora estaba completamente oscuro. Los otros abrieron fuego y se desató otra balacera. Las mujeres abandonaron el salón tras de mí y por último lo hizo el líder. Él disparó hasta que cerró con fuerza la puerta. Todos encendimos las linternas. 

- ¡La clase no termina aún! -gritaba la maestra monstruosa dentro del salón-. ¡Si salen los va a comer el perro! 

Tenía sentido que aquel monstruo dijera eso, porque según la leyenda, la maestra soltaba a su perro en el patio de la escuela para que nadie se fugara cuando maltrataba a sus alumnos. Después de muerta de alguna forma su cara había adquirido los rasgos del perro. Era una leyenda muy tonta, pero ahora la estaba viviendo, y era aterradora. 
Salimos corriendo hacia la entrada, mas el corredor no terminaba, solo seguía a medida que avanzábamos. Y detrás nuestro iba la maestra monstruosa, y junto a ella ahora caminaban retorciéndose unos niños vestidos con jirones de ropa que clamaban y se lamentaban horriblemente. La maestra lanzaba una mezcla de carcajadas roncas y ladridos graves, mas roncos todavía. Y seguíamos en aquel corredor, y cada vez que iluminaba hacia atrás había mas niños deformes y esqueléticos que rengueaban o se arrastraban junto a la pesadillesca maestra.  Mis singulares compañeros les disparaban en la huída, pero era como si no lo hicieran porque no tenía ningún efecto.
El corredor no solo se extendía, también había cambiado, y pasábamos una y otra vez frente a la ventana baja de un salón, y en cada pasada la maestra infernal estaba haciendo alguna atrocidad. Eran imágenes rápidas, como iluminadas por fugaces relámpagos, pero todas eran espantosas. 

- ¡No son seres de el otro lado, son una creación! -gritó el líder-. ¡Brenda, controla esto, es tu zona!
- ¡No soy yo, es él! -ella se refería a mí-. ¡Tiene que controlar esto! 
- ¡Muchacho! -me gritó el tipo-. ¡Piensa en la salida! ¡Recuerda el salón grande, la puerta…! ¡Concéntrate! 

La mujer tenía razón, yo había creado aquello. Supongo que la leyenda me impresionó mucho mas de lo que quise reconocer.  
Hice un esfuerzo por recordar la salida. Cuando la imagen se me presentó clara de pronto estaba allí, frente a nosotros. Por fin pudimos salir de la escuela; pero, ¿dónde estábamos ahora? El paisaje había cambiado. 


Última parte:  http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-ultima-parte.html

jueves, 18 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (segunda parte)

Mi casa por fuera lucía como antes, y crucé bajo la sombra de un árbol que ya no está. Al entrar me sorprendí de nuevo. Todo estaba como en la actualidad, como está ahora. En la sala vi a mi nuevo televisor LED, todo era igual, era una locura. De no ser por el ruido de la balacera y los gritos de los zombies allá afuera, sería difícil creer que todavía me encontraba soñando.  Era mas que extraño hacerle caso a un “personaje” o ser onírico, pero la idea de buscar un arma era buena. Por lo menos me daría algo de confianza. Entré a mi cuarto y fui al rincón donde guardo mis cosas de acampar. Allí estaba todo. Tomé una bolso tipo morral que uso a veces en el monte y saqué una linterna que tenía en él, y me lo colgué cruzado en el hombro. Armas de fuego no tengo, pero al guardar mi navaja de supervivencia en el bolsillo y un machete corto en el morral igual me sentí mas seguro.  Escuché que desde afuera me gritaban que me apurara. Miré por la ventana; los zombies habían dejado de retroceder e iban ganando terreno.   Ya en la calle vi que mis aliados eran seis, y dos eran mujeres. 

- ¡¿Solo eso tienes?! -me gritó el que me había hablado anteriormente. 
- ¡Sí! ¡Si me prestan una de sus metralletas les agradecería! -le contesté. Que importaba que fuera un sueño, era tan real y tan aterrador que sería excelente tener una “tartamuda” en mi poder. 
- ¡No te podemos dar una, no te serviría de nada! ¡Compañeros, vámonos ahora!

Los seis salieron corriendo y yo junto con ellos. Al mirar sobre mi hombro vi que algunos zombies eran bastante rápidos, y sentí otro pico de terror. Pero cuando sus pasos ya sonaban muy cerca de nosotros uno de los del grupo me dijo: 

- ¡No mires hacia atrás! ¡Concéntrate solo en correr, en avanzar por esta calle! 

Su consejo resultó, y los fuimos dejando atrás. Iluminábamos nuestro camino con las linternas. En ese momento me pareció que la cosa iba mejorando. Teníamos luz, ellos sus metralletas, y parecían saber mucho sobre aquel mundo. Mas, en las pesadillas, cuando la situación mejora un poco es solo para empeorar mas después. 
Como seguimos corriendo en línea recta pronto salimos del barrio. Esa calle desemboca en una ruta, del otro lado de ella hay campos y arboledas. 
El que parecía ser el líder, el que me habló primero, se detuvo de pronto y los otros también; yo hice lo mismo porque no quería seguir solo. 

- ¿No hay mas ciudad por aquí? -me preguntó. 
- No, el grueso de la ciudad está detrás nuestro. 
- ¡Maldición! -protestó una de las mujeres. En la realidad esta no hubiera podido correr tanto, porque era muy gruesa, y la otra tampoco era muy atlética. También noté que los hombres eran veteranos, y tenías aspecto de profesor o doctor. Ahora creo que ellos no lo notaban, pero tenían puestos sus lentes.

Eran bien curiosos mis salvadores. ¿Por qué mi mente no había creado a unos soldados o algo así? Me hubiera gustado una heroína como de las películas. Entonces se me ocurrió que tal vez no eran personajes de mi sueño, tal vez eran otras personas que ahora estaban en aquel mundo. ¿Pero por qué me habían ayudado? ¿Por qué estaban preparados? Preferí no seguir pensando. Como fuera eran mis aliados, y ya que no podía despertarme prefería seguir con ellos.
Por alguna razón no les gustaba aquel paisaje; enseguida descubrí por qué. Unos ruidos llegaron desde el campo, ya los había escuchado hacía un rato. Eran aquellas cosas aterradoras de nuevo. Avanzaban por el campo, salían de entre los árboles, frente a nosotros, hacia un lado, hacia el otro, de los que estaban mas lejos solo se escuchaban los gemidos debido a la oscuridad. Y al volvernos hacia la calle, la horda ya estaba bastante cerca. 

- Tenemos que irnos de este lugar -dijo el líder del grupo-. Brenda, trata de sacarnos de aquí. 
- Es difícil, desde hace rato lo estoy intentando. Mientras él sigua viendo esto, no puedo -ella hablaba de mí.
- Muchacho-me dijo el tipo-, confía en nosotros, cierra los ojos por un momento, y no le prestes atención a esos ruidos, no te los imagines, piensa en otra cosa. Ahora.  

Como no pensar en aquellas cosas si ya estaban a metros de nosotros, y venían desde todos lados. Si dejaba de ver iba a quedar vulnerable. Mas después pensé “Esto, por mas raro que sea, es un sueño, no me puede pasar nada, y en el peor momento tal vez pueda despertar”. Cerré los ojos y traté de pensar en otra cosa, pero, ¿cómo hacerlo con aquellos gritos aterradores cada vez mas cerca? Pensé en mi familia, y de un momento a otro volvió el silencio. 

- Ya puedes mirar -me avisó uno. 

Era de día y estábamos rodeados de casas muy agradables, con jardines y árboles. Nunca en mi vida había estado en un lugar así, era una zona residencial, con buzones en el frente y cercas de madera. 
Ahora veía mejor a mis nuevos compañeros. La impresión que me causaron al verlos gracias a las linternas se reforzó; ninguno parecía un aventurero ni cosa parecida, y las armas que portaban desentonaban notoriamente con su aspecto y su vestimenta. Me los imaginaba mas ocupando el escritorio de un profesor o en el consultorio de un doctor, también podrían ser científicos.
El líder miró en derredor y le preguntó a Brenda: 

- ¿Dónde está tu casa? Ahora no me ubico. 
- Lo siento, está lejos. “Los del otro lado” estaban muy cerca y tuve mucho miedo. 
- Está bien -dijo uno de los hombres, el que parecía ser el mas joven-, ninguno de nosotros pudo hacerlo mejor, y este tipo está tan asustado que no ayuda -lo último lo dijo refiriéndose a mí. Los otros, menos una de las mujeres, asintieron con la cabeza, opinaban igual. 

Me sentí bastante ofendido, aunque era cierto. ¿Además de los sustos tenía que soportar eso en aquel sueño? Mis aliados ya no me simpatizaban mucho. Tal vez era mejor separarme, y si aquellos monstruos me alcanzaban, mejor, así me despertaba de una vez.  Hasta podía ser que los podridos aquellos huyeran si los enfrentaba; ahora tenía mi machete.
La mujer mas gorda pareció adivinar mis intenciones, y como parecía no estar de acuerdo con ellos se puso de mi lado: 

- Él no tiene la culpa, solo cayó en este plano sin quererlo, y para su mente debe ser muy difícil asimilar esto. Recuerden cuando ustedes empezaron, ¿acaso se olvidaron? Comparados con ustedes en esa época él es un témpano de hielo. Además, “los del otro lado” no habían invadido este plano como ahora. Y otra cosa, que estén aquí es culpa nuestra. 
- Suficiente -la interrumpió el líder-. No es momento de echarle la culpa a nadie. Brenda, ¿hay alguna casa que conozcas que esté mas cerca que la tuya? 
- No, a ver… ¡Ah! Está la escuela. Fui toda la primaria ahí, y está al doblar aquella esquina. 
- Entonces vamos hasta ahí. Tenemos que enseñarle algunas cosas a nuestro amigo para que pueda despertarse. 
- En eso estamos todos de acuerdo -opinó el que acababa de agraviarme-. No queremos que una de esas cosas ocupe otro cuerpo.
- No digas mas. Ahora vamos a la escuela. 

Lo que estaban diciendo era por demás inquietante. Aunque era increíble, comenzaba a creer que ellos no eran un invento de mi sueño, que eran unos onironautas, gente que experimenta con sueños lúcidos. No comenté nada porque había algo que me inquietaba mas, y era la idea de ir a una escuela, porque solía tener pesadillas con escuelas embrujadas. No se los dije para no quedar como un miedoso. Fue un error. 



Tercera parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-tercera-parte.html 


lunes, 15 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (primera parte)

Estaba todo muy oscuro y sentía algo de angustia. Caminaba por una calle que conozco de memoria, por eso podía reconocer en qué parte de ella me hallaba con lo poco que podía escudriñar de los contornos oscuros de las casas. ¿Por qué estaba tan oscuro? ¿Habría corte de luz? Miré hacia donde están las columnas de los focos, no encontré ninguna, no había ni una sola columna en toda la calle. Me resultó muy raro. ¿En qué momento retiraron las columnas, y para qué? Con la falta que me hacían las luces esa noche. Pensando en eso se me ocurrió otra pregunta: ¿Hacia dónde caminaba? En ese momento pasé a estar completamente consciente: aquello era un sueño. Las columnas de la luz no estaban porque me encontraba en una imagen, en un recuerdo de hacía muchos años, de cuando aún no ponían la luz (antes no había iluminación pública en los barrios, incluso actualmente no hay en todos). Sabía que soñaba, ¿y ahora? Giré para ver mi entorno. La oscuridad ocultaba muchas cosas, pero por lo que alcanzaba a ver, aquello era una réplica exacta de cómo era aquel lugar antes. Solo la oscuridad era exagerada, porque la mayoría de las casas (en la realidad) siempre tenían una lámpara encendida en el frente. También era atípico el silencio. Ni una pradera vasta en una noche sin viento es tan silenciosa. Era un sueño solo de imágenes.  
Al mirar hacia arriba quedé sorprendido. Por el cielo nocturno corrían presurosas unas nubes que se iban desintegrando o uniendo a medida que pasaban cerca de una consumida Luna menguante. ¿Cómo podía tener tantos detalles aquel mundo onírico? ¿Se formaría cuando yo miraba hacia algún lado o ya todo estaba allí sin que yo interviniese? 

Había leído algo sobre sueños lúcidos, sueños donde uno está completamente consciente. Por lo que sabía, supuse que en cualquier momento mis pensamientos se iban a “extraviar” rediciendo mi nivel de conciencia, mas después de lo que me pareció un buen rato seguía alerta. Pensé que estaba viviendo un sueño bastante atípico. De pronto se me ocurrió algo: ¿Si todo lucía como antes, también sería así con mi casa? Sentí algo de nostalgia. Enderecé rumbo a mi hogar. 
Había avanzado poco cuando la oscuridad se cerró mas. Ahora el cielo era todo negro y no se distinguía ningún horizonte. Las casas se borronearon en la negrura. Ya no veía ni por donde caminaba. De a poco me fui angustiando mas, y comprendí algo terrible; si el sueño se tornaba pesadilla y yo seguía consciente, el terror iba a ser insoportable. El saber que aquello solo era un sueño no era consuelo, porque era tan real como cuando uno está despierto; sentía lo mismo que se experimenta en la realidad, mi cuerpo, su peso, el caminar, todo era igual. 
Haciendo un esfuerzo por distinguir algo en aquellas tinieblas, las formas fueron volviendo de a poco. Cuando aparecieron las casas estuve algo confundido un momento, pero al avanzar mas me ubiqué. Ahora caminaba por otra calle, el escenario había cambiado. De todas formas igual iba rumbo a mi casa, y estaba a pocas cuadras. 
En esa calle vi algo que después resultó ser sumamente importante. Pasé frente a una casa grande y muy linda que no conocía. Como dicha calle queda muy a trasmano de donde suelo circular no paso mucho por ella. Resulta que en la realidad, la última vez que había pasado por allí el terreno estaba vacío como siempre lo estuvo. Sí me habían contado que estaban construyendo una vivienda en él, pero yo aún la veía.  Aquella construcción tenía que ser producto de mi imaginación, supuse, porque no podía ser un recuerdo.  El frente estaba revestido de un tipo de piedra blancuzca cortada en trozos rectangulares, muy bonito todo, y seguramente caro. ¿Acaso tenía la imaginación de un arquitecto? No recordaba haber visto una parecida. Curioso. Ahora tenía mas ganas de ver cómo luciría la mía. ¿El viejo árbol del terreno estaría en pie? 

No solo quería llegar a mi hogar por nostalgia, también quería sentirme seguro. La oscuridad de aquella noche onírica era tétrica. Temía que en cualquier momento se abriera una puerta y algo espantoso saliera disparado hacia mí. Solo con ver algo cruzando frente a una ventana o mirándome por una me hubiera espantado terriblemente. Lo que me esperaba resultó ser mucho peor. 
Ya casi alcanzaba mi hogar, estaba a una cuadra, cuando unos gritos enronquecidos y arrastrados que se mezclaban con gemidos rompieron repentinamente el silencio. No era solo un emisor, eran muchos los que lanzaban aquellos espantosos sonidos, y venían detrás de mí. Al volverme para mirar, el terror. Avanzaba por la calle una horda compacta de los mas espeluznantes zombies que puedan imaginarse. Mi peor pesadilla, y no la estaba viviendo bajo el atontamiento de un nivel bajo de conciencia, como sucede normalmente, estaba tan conciente como lo están ustedes ahora. 
Tanto terror era insoportable, nunca había experimentado algo así en la vida real; incluso creo que si un día viera a una horda real de zombies no sentiría tanto miedo. Creo que pronto voy a poder confirmarlo, lamentablemente.
Aquel horror con muchas bocas que se abrían desmesuradamente, y con una multitud de brazos que ya se levantaban hacia mí, me hizo emprender una huída desesperada. Seguí hacia donde iba pero no pensaba parar en mi casa pues la horda estaba muy cerca y me verían entrar en ella. La situación clásica de las películas de muertos vivientes donde los perseguidos se encierran en una casa que pronto es rodeada me resultaba muy aterradora. Buscar refugio para escapar de las oscuras calles de aquel mundo era una cosa, pero con los zombies todo cambiaba. 
Pocos metros me faltaban para cruzar frente a mi terreno cuando me encandilaron de frente unas luces. Pude ver en parte unas figuras humanas tras esas luces. Inmediatamente empezaron los disparos. Solo tuve tiempo de agacharme cubriéndome el rostro con los antebrazos. Los que disparaban habían aparecido a pocos metros de donde yo estaba, y se siguieron acercando al tiempo que disparaban. Los gritos de los zombies habían aumentado, y cuando empezaron a retroceder pude notarlo, a pesar del ruido de los disparos. ¿¡Por qué diablos no me despertaba!? 
Cuando los extraños con luces y armas llegaron hasta mí uno me gritó, para hacerse entender sobre las detonaciones: 

- ¡Tienes que ir hasta tu casa por armas! ¿Dónde está? 
- ¡Ahí! -le contesté. 
- ¡Ve y trae todo lo que tengas! ¡Y también linternas! ¡Si las tienes en la realidad, ahora están ahí!¡No te preocupes por las balas! ¡Ve! 

Aquello era mas extraño que todo lo anterior. Que alguien de un sueño me dirigiera la palabra, al igual que todo lo otro no se sentía como en un sueño ordinario, además, había dicho: “Si las tienes en la realidad”, como si supiera que aquello no lo era. Por lo menos ahora tenía unos aliados contra los zombies, pero, ¿quiénes eran?, o mas bien, ¿qué eran? 


Segunda parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-segunda-parte.html